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Un rincón de Barcelona: La Plaça Sant Felip Neri

Barcelona en Febrero. Después de un invierno casi tropical, empieza lo bueno. O lo malo, según se mire. El sol sigue pegando, sí, pero ahora tenemos que ponernos guantes, bufandas y gorros, sobre todo si la idea es dar un paseo por la ciudad.

Trabajar cerca de Urquinaona tiene sus ventajas. Una de ellas es estar a dos pasos del centro de Barcelona sin oír el bullicio todo el rato. Otra es poder escaparnos de la oficina en un momento de estrés para disfrutar del silencio de la Plaça de Sant Felip Neri.

Esta es, sin duda, una de las muchísimas joyas escondidas que hay repartidas por toda la ciudad, una de esas que hay que conocer de antemano para saber ir. Sin embargo, hay algo misteriosamente encantador en ir andando por la zona de la catedral sin rumbo fijo y toparse inesperadamente con esta placita.

Aunque hoy en día es un sitio tranquilo, tiene una historia un tanto oscura a sus espaldas. De hecho, no siempre fue una plaza. En un principio, era un cementerio que la Inquisición utilizaba para enterrar a todos aquellos que no comulgaban. Más adelante, durante la Guerra Civil, la aviación italiana bombardeó la ciudad y dejó unas marcas que todavía hoy son visibles en la pared.

La plaza que conocemos ahora es el resultado de la reconstrucción que se llevó a cabo en los años cincuenta. Para las fachadas, en algunos casos se utilizaron restos de algunos edificios que había ahí y, en otros, desplazaron directamente las edificaciones que pertenecían a los gremios de zapateros y caldereros. Posteriormente levantaron una fuente con una estatua de un niño estudiante que, misteriosamente, desapareció en 1970.

Con todo esto en la cabeza, dejamos la plaza atrás y volvemos a la oficina por el Carrer Montjuïc del Bisbe.

Stay hungry, stay wild.Barcelona-Sant-felip-neri

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